SANTERIA

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SANTERIA CUBANA

EL BABALOCHA

En toda religión o actividad mágico-religiosa, la Regla de Ocha necesita de un sacerdote, el cual será el intermediario entre los fieles y las divinidades (dioses). En la Regla de Ocha es el santero, cuya denominación exacta es “Omo-Ocha” (Hijo de Santo), e “Iyalocha” si es mujer.

Su iniciación en la Regla de Ocha está marcada por un oráculo, de cualquier tipo. Las causas pueden ser diversas: enfermedad, un mayor desarrollo espiritual, Aché ( gracia), o precisamente exigencia o llamada del Santo. Después que el futuro santero presiente que debe consagrarse, ha de ir “al pie de Ifá” para que, por medio del tablero, el babalawo desentrañe cual será su Orisha ( dios ) , al que será consagrado.

Al consagrarse el nuevo Omo-Ocha, el Itá le marcará las pautas a seguir en su modo de vida, la forma de utilizar la gracia que se ha dado y desde ese momento se considera hijo del Ocha con el que ha sido coronado.

El Santo recoge a todo el mundo, bueno o malo. El Santo no excluye a nadie; ya que le da la oportunidad de que todo el mundo llegue a el y así todos obtengan un beneficio en su vida.

Los Babalochas e Iyalochas, son los padres ( baba en yoruba) y madres ( iya) de santo (ocha) y conforman todo el entramado en torno del cual gira el universo de la Santeria cubana.

Después de cierto número de años de iniciación y de haber obtenido la “licencia “ y el “ Ache “ ( gracia, don ) de los Orillas, el consagrado puede a su vez  apadrinar a otros que por voluntad o por indicación de los oráculos deben “ hacer santo”, a los cuales guiará y aconsejará en las practicas culturales y en su vida social y personal.

Tras muchos años de intercambios con la gente y sus problemas, le dan al babalocha e iyalocha la sabiduría y el conocimiento para resolver las diversas situaciones de la vida de sus ahijados y consultantes.

Ellos son los encargados de averiguar al futuro adepto que solicita sus servicios el santo que deberá ir a su cabeza, consulta el oráculo, forma conocida como “ bajar el caracol”, pues se utilizan  los cauris del Osicha de cabecera del padrino y no los empleados normalmente en los oráculos ordinarios.

Este trabajo de investigación o averiguación requiere de gran rigor, ya que a la cabeza del nuevo adepto o iniciado no debe ir otro santo que no sea el que le corresponde como padre o eledda ( ángel de la guarda), lo que de producirse ocasionaría serias dificultades en las ceremonias iniciáticas y en la vida religiosa y personal futura del adepto.

Convertidos así en padrino o madrina de santo, el babalocha o iyalocha, preparará en su casa un altar donde vivirá durante siete idas con sus noches el “ ahijado “, que nacerá a una nueva vida en un ritual de iniciación, cuyas principales ceremonias son secretas.

Durante esa semana, el padrino recibirá para las diferentes operaciones el auxilio de otras personas con determinada jerarquía dentro de la religión, como el Oriate, para la lectura del “ Ita” y la conducción de las ceremonias, y la Yimbona u Oyugbona, quien orienta y auxilia al iniciado en sus acciones.

Los babalochas e iyalochas pueden llegar a tener varios centenares de ahijados y algunos incluso mas de mil; pero no todos son necesariamente iniciados en el santo. Los hay aleyos
(solo se registran para solucionar sus problemas), de collar ( reciben collares únicamente), de rogación ( realizan el “ebbo” conocido con este nombre sobre la cabeza o cualquier otra parte del cuerpo con el fin de evitar funestas consecuencias), asi como otras practicas.


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