¿QUÉ ES LA MEDITACIÓN?
medita
 HACIA EL CENTRO DE TU SER
OSHO (PAGINA 2 DE 3)

La meditación es CRECER

Envejecer no es algo valioso: todo animal pasa por eso, sin necesidad de usar la inteligencia. El crecimiento es una experiencia totalmente diferente. El envejecimiento es horizontal. El crecimiento es vertical: te lleva a las alturas, y te conduce a las profundida­des. Y habrá de sorprenderte saber que el tiempo es horizontal, lo cual suena bastante extraño. Pasa un mo­mento, luego viene otro momento, otro y otro más... sucediéndose en una línea, en una línea horizontal. El tiem­po es horizontal, tal como lo es la mente. A una idea le sigue otra, y a ésta, otra, y otra, pero en una línea, una hilera, una procesión o un embotellamiento, pero siempre en forma horizontal.
La meditación es vertical: va más allá de la mente y más allá del tiempo. Y, tal vez, finalmente llegues a la con­clusión de que el tiempo y la mente son equivalentes, son dos nombres del mismo fenómeno: la sucesión de ideas, de momentos. La meditación significa detener tanto el tiempo co­mo la mente, y empezar de repente a elevarse a la eternidad. La eternidad no forma parte del tiempo, y tampoco es un pensamiento; es una experien­cia. ( 15 )

La meditación es NO ESCAPISTA

El hombre que vive en el futuro vi­ve una vida falsificada. No vive ver­daderamente; sólo aparenta vivir. Es­pera vivir, lo desea, pero nunca lo ha­ce. Y el mañana nunca llega; siempre es hoy. Lo que viene es siempre aquí y ahora, y el hombre no sabe vivir el "aquí y ahora": sólo sabe escaparle. La forma de escapar al "aquí y ahora" se llama deseo, tanha (que es la pala­bra del Buda que hace referencia a una huida del presente, a un escape de lo real hacia lo irreal).
El hombre que desea es un escapis­ta.
Ahora, y esto es muy extraño, se piensa que los meditadores son escapistas. Esto es un completo contrasen­tido. Los meditadores son los únicos no escapistas: todos los demás sí lo son. La meditación implica dejar de lado el deseo, abandonar los pensa­mientos, deshacerse de la mente. La meditación significa relajarse en el momento, en el presente. La medita­ción es lo único en el mundo que no es escapista, a pesar de que se crea que es lo más escapista que hay. Quienes condenan la meditación a menudo lo hacen utilizando el argu­mento de que implica un escape, es­capar de la vida. Sólo dicen cosas sin sentido; no comprenden lo que dicen.
La meditación no implica escapar de la vida. Es escapar hacia la vida. La mente lleva a escapar de la vida; el deseo es escapar de la vida. ( 16 )
La iglesia de Satan (ingles PDF)

La meditación es un DON

Estar en silencio es el arte más simple del mundo. No es una acción, sino una no acción. ¿Cómo puede re­sultar dificultoso?
¡Te estoy mostrando el camino de la iluminación a través de la pereza! No hay que hacer nada para alcanzar la, pues está en tu naturaleza. Ya la tienes; sólo que estás tan ocupado con otras actividades que no puedes perci­bir tu propia naturaleza.
En las profundidades de tu interior es como afuera: la belleza, el silencio, el éxtasis, la dicha. Pero, por favor, a veces ten clemencia contigo: siéntate y no emprendas actividad alguna, ni física ni mental. Relájate, mas no al modo norteamericano... Puesto que he visto tantos libros norteamericanos titulados Cómo relajarse, en los que el título mismo indica que el autor no sabe nada acerca de la relajación: no hay "cómo".
Sí, está bien: Cómo reparar un au­tomóvil: tienes que hacer algo. Pero no hay acciones como tales en lo con­cerniente a la relajación. Simplemen­te, no hagas nada. Sé que te resultará algo difícil al comienzo. No se debe a que sea dificultoso relajarse, sino a que te has vuelto adicto a la necesidad de hacer algo. Llevará un tiempo su­perar esa adicción.
Sólo sé y contempla. Ser es no ha­cer y contemplar es también no hacer. Te sientas en silencio sin realizar acti­vidad alguna, siendo testigo de todo lo que suceda. Las ideas darán vueltas en tu mente. Puedes sentir cierta ten­sión en algunas partes del cuerpo; te puede doler la cabeza. Sólo sé testigo de lo que pase, no te identifiques con eso. Observa, sé como un observador que desde la montaña contempla lo que sucede en el valle. Es un don, no un arte.
La meditación no es una ciencia, no es un arte. Es un don; no más que eso. Todo lo que necesitas es un poco de paciencia.
Los viejos hábitos habrán de per­durar; las ideas seguirán precipitándo­se. Y tu mente siempre está como si fuera la hora pico, con el tránsito apretado. Tu cuerpo no está acostum­brado a sentarse en silencio: te move­rás y te darás vuelta. No hay de qué preocuparse. Simplemente, observa que el cuerpo se está moviendo y se está dando vuelta, que la mente está convulsionada, llena de ideas (consis­tentes, inconsistentes, fútiles), fanta­sías, sueños. Quédate en el centro, ob­servando.
Todas las religiones del mundo le han enseñado a la gente a hacer algo: detener el proceso de pensamiento, forzar el cuerpo a asumir una postura inmóvil. En esto consiste el yoga: en una larga práctica para forzar al cuer­po a una postura inmóvil. Pero un cuerpo forzado no está inmóvil. Y las oraciones, las concentraciones, las contemplaciones de todas las religio­nes hacen lo mismo con la mente: la fuerzan, no permiten que los pensa­mientos fluyan. Sí, tienes la capaci­dad de hacerlo. Y, si insistes, puedes detener el proceso de pensamiento. Pero esto no es lo real, es absoluta­mente fingido.
Cuando la inmovilidad viene por sí misma, cuando el silencio se instala sin que hagas esfuerzo alguno, cuan­do contemplas los pensamientos y lle­ga un momento en que empiezan a desaparecer las ideas y comienzan a producirse silencios, es hermoso. Los pensamientos se detienen por sí solos si no te identificas, si continúas en la posición del testigo y no dices: "Éste es mi pensamiento."
No dices: "Esto está bien; esto está mal", "Esto debería estar allí' y "Es­to no tendría que estar ahí". Si lo hi­cieras, ya no serías un observador: tendrías prejuicios, ciertas actitudes. Un observador no tiene prejuicios, no emite juicios de valor; sólo refleja lo que ve, como un espejo.
Cuando pones algo frente a un es­pejo, éste simplemente refleja lo que está delante. No juzga que el hombre es feo, o que es hermoso, ni dice:
"¡Ay! ¡Qué bonita nariz tienes!" El espejo no tiene nada que decir. Su na­turaleza es reflejar, y refleja. Ésta es la razón por la cual hablo de medita­ción: tú sólo reflejas todo lo que suce­de por dentro o por fuera.
Yo te lo garantizo... Puedo garanti­zarlo porque me ha pasado a mí y le ha pasado a mucha de mi gente. Sólo mira con paciencia; tal vez pasen unos pocos días, quizás hasta unos pocos meses, o tal vez unos pocos años. No hay forma de anticiparlo, puesto que cada individuo tiene un ritmo diferente.
Debes haber visto a la gente que junta antiguas estampillas de correo. Cada uno tiene una colección diferen­te; la cantidad puede ser diversa, por lo tanto el tiempo que le lleve a cada uno será diferente; pero trata de seguir como testigo hasta tanto puedas ha­cerlo. Y esta meditación no necesita un tiempo especial. Puedes limpiar el piso y permanecer en silencio obser­vándote a ti mismo limpiando el piso.
Puedo mover la mano sin concien­cia de ello, sin observarla, o bien pue­do moverla con plena conciencia. Y hay una diferencia cualitativa. Cuan­do la mueves en forma inconsciente, es mecánico. Cuando la mueves en forma consciente, hay gracia. Incluso en la mano, que forma parte de tu cuerpo, sentirás silencio, indiferencia.
¿Y qué decir de la mente? Con tu permanente observación, lentamente comienza a reducirse más y más la precipitación de ideas. Comienzan a aparecer momentos de silencio; apa­rece un pensamiento y después hay si­lencio antes de que aparezca otro pen­samiento.
Estas lagunas te brindarán la pri­mera vislumbre de meditación y el primer placer de estar llegando a puerto. ( 17 )

La meditación es CLARIDAD

Una vez que comprendes qué es la meditación, las cosas se aclaran mu­cho. Si no, puedes seguir andando a tientas en la oscuridad. La meditación es un estado de claridad, no un estado de la mente. La mente implica confu­sión; nunca es clara: no puede serlo. Los pensamientos crean nubes a tu al­rededor; nubes sutiles. Éstas generan una neblina, y se pierde la claridad. Cuando las ideas desaparecen, cuan­do no hay más nubes a tu alrededor, cuando te centras sólo en tu ser, se produce la claridad. Entonces, puedes ver mucho más lejos; puedes ver has­ta los confines mismos de la existen­cia. Entonces, tu mirada se torna penetrante, y llega hasta el centro mis­mo del ser.
La meditación es claridad, absolu­ta claridad, de la visión. No puedes pensar en eso. Debes dejar de pen­sar.(  18 )
Los geroglificos egipcios (pdf)

La meditación es VACÍO

Durante siglos se ha estado en con­tra del vacío. El vacío es maravilloso. Gente tonta ha estado diciéndote: "La mente en blanco es obra del Diablo." ¡La mente en blanco es obra de Dios! La mente ocupada constituye una obra del Diablo.
Pero es necesario estar verdadera­mente vacío. Ser holgazán no signifi­ca estar vacío; no hacer nada no signi­fica estar vacío: miles de ideas vocife­ran en tu interior. Puedes ser holgazán desde lo que se ve de afuera, pero en tu interior puede haber mucho traba­jo.
Pueden alzarse muchas paredes, pueden estarse preparando nuevas prisiones para que, cuando te hartes de las viejas, puedas acceder a las nuevas. En cualquier momento, pue­den quebrarse las viejas cadenas; por eso, puedes estar creando cadenas nuevas por si se rompen las viejas. Entonces, te sentirás muy vacío.
De vez en cuando sucede natural­mente, porque es tu misma naturaleza ser libre. Entonces, de vez en cuando, a pesar de ti... mirando un atardecer, de repente olvidas todos tus deseos. Olvidas toda ansia, todos tus anhelos de placer.
El atardecer es tan hermoso, tan so­brecogedor, que olvidas el pasado y el futuro: sólo queda el presente. Eres uno con el momento, no hay un ob­servador y un observado. El observa­dor se transforma en el objeto obser­vado. Tú no estás separado del atarde­cer.
Te une un puente a él. En esta co­munión accedes a un claro, y en vir­tud de él te sientes alegre. Pero nueva­mente vuelves a caer en el agujero ne­gro, por la simple razón de que, para salir al claro, necesitas el coraje de quedarte bajo el cielo vacío.
Esto es lo que llamo sannyas. Denomino a este coraje sannyas: no escapar, sino llegar al claro, con­templando el cielo sin nubes, oyendo los cantos de los pájaros sin distorsio­nes. Y, entonces, una y otra vez te vas adaptando al vacío y al placer de estar vacío.
Lenta, lentamente, ves que el vacío es algo más que el vacío. Implica una plenitud, una plenitud de algo de lo que nunca has tenido conciencia, una plenitud de algo que nunca has sabo­reado.
Es decir que al principio parece vacío, y al final está lleno, totalmente lleno, abrumadoramente lleno. Está lleno de paz, está lleno de silencio, es­tá lleno de luz. ( 19 )
El libro de las Sombras (pdf)

La meditación es INTELIGENCIA

Mantén una mirada profunda den­tro de tu mente: fíjate cuáles son sus motivaciones. Cuando haces algo, busca de inmediato la motivación pues, si ésta se te escapa, la mente se­guirá engañándote y diciéndote que la motivación es otra. Por ejemplo: lle­gas a casa enojado y golpeas a tu hijo. Tu mente dirá: "Es por su bien, para enseñarle a comportarse." Esto es una racionalización. Busca más profunda­mente... Estabas enojado y buscabas a alguien con quien pudieras enfurecer­te. No podías pelearte con el jefe de la oficina, pues él es demasiado fuerte para enfrentarlo: sería un riesgo, ade­más de un peligro desde el punto de vista económico. Necesitabas a al­guien indefenso. Ahora, como este ni­ño está totalmente indefenso, depende de ti; no puede reaccionar, no puede hacer nada, no puede pagarte con la misma moneda. No podrías encontrar una víctima más perfecta.
Reflexiona: ¿estás enojado con el niño? Si lo estás, quiere decir que la mente te está embaucando.
La mente te engaña permanente­mente, las veinticuatro horas del día, y tú contribuyes a ello. Entonces, al final, te sientes miserable y te ganas el infierno. Busca en todo momento la motivación correcta. Si puedes encon­trarla, la mente tendrá cada vez me­nos posibilidades de engañarte. Y, cuanto más te alejes de la impostura, tanto más capaz serás de moverte más allá de la mente, y de transformarte en maestro.
Me he enterado...
Un científico le decía a un amigo: -No entiendo por qué insistías en que tu mujer usara un cinturón de cas­tidad mientras fuimos a la conven­ción. Después de todo, entre nosotros, como viejos camaradas, con la cara y la figura de Emma, ¿quién querría...? -Lo sé, lo sé -respondió el otro-. Pero, cuando vuelvo a casa, siempre puedo decir que he perdido la llave.
Reflexiona, busca la motivación in­consciente. La mente sigue intimidán­dote y dominándote, porque no eres capaz de ver sus verdaderas motiva­ciones. Una vez que una persona pue­de descubrir las verdaderas motiva­ciones, la meditación está muy cer­ca... porque entonces la mente deja de ejercer dominio sobre ella.
La mente es un mecanismo, carece de inteligencia. La mente es una com­putadora biológica, ¿cómo podría ser inteligente? Tiene cierta habilidad, pero no tiene inteligencia; tiene una utilidad funcional, pero carece de conciencia. Es un robot; funciona bien, pero no debes escucharla dema­siado, pues entonces perderás tu inte­ligencia interior. Entonces, es como si le estuvieras pidiendo a una máquina que te guiara, que te conduciera. Se lo estarías pidiendo a una máquina que no tiene en sí nada original: no puede tenerlo. Ni una sola idea de la mente es original; siempre es una repetición. Observa: siempre que la mente afirma algo, fíjate que te hace entrar en una rutina. Intenta hacer algo nuevo, y de esa manera disminuirá el poder de do­minación de la mente sobre ti.
Quienes de alguna manera son creativos siempre pueden transfor­marse sin dificultad en meditadores, mientras que quienes carecen de crea­tividad en sus vidas lo encuentran muy difícil. Si tienes una vida repeti­tiva, la mente tiene demasiado control sobre ti: no puedes alejarte de ella, por temor. Haz algo nuevo cada día. No prestes atención a la antigua ruti­na. De hecho, si la mente afirma algo, respóndele: "Esto es lo que hemos he­cho siempre; ahora, hagamos algo di­ferente." Aunque sean pequeños cam­bios... en el modo en que siempre te has comportado con tu esposa, sólo pequeños cambios; en la forma en que siempre caminas, sólo pequeños cam­bios; en el modo en que siempre ha­blas, pequeños cambios. Y verás que la mente va perdiendo su poder de do­minarte, a la par que tú te vas liberan­do. ( 20 )
El Dios de los Brujos (pdf)

La meditación es PURIFICACIÓN

Cualquier cosa que hagas, realízala con profunda conciencia; así, incluso las cosas pequeñas se tornan sagra­das. Entonces, limpiar o cocinar se vuelven cosas sagradas; se hace culto de ellas. La cuestión no es la actividad que estás realizando, sino cómo la es­tás haciendo. Puedes limpiar el piso como si fueras un robot, un objeto mecánico. Tienes que limpiarlo, en­tonces lo haces. Pero así te pierdes al­go hermoso, y malgastas esos mo­mentos sólo en limpiar el piso. Lim­piar el piso podría haber sido una gran experiencia, y la has dejado pasar. El piso está limpio, pero algo que podría haber sucedido dentro de ti no se produjo. Si hubieras estado consciente, la purificación no hubiera afectado sólo al piso, sino también a ti mismo. Lim­pia el piso pleno de conciencia, ilumi­nado de conciencia. Trabaja, o siénta­te, o camina, pero hay algo que debe ser el hilo conductor, con cierta conti­nuidad: ilumina de conciencia cada vez más momentos de tu vida. Deja que la vela de la conciencia se encien­da en cada momento, en cada acto. La iluminación no es sino el efecto acu­mulativo. El efecto acumulativo (to­dos los momentos juntos, pequeñas velas juntas) da por resultado una gran fuente de luz. ( 21 )

La meditación es un FLORECIMIENTO

Recuerda que la meditación te dará más y más inteligencia, infinita y ra­diante inteligencia. La meditación te volverá más vivo y más sensible; tu vida se enriquecerá. Observa a los as­céticos: sus vidas se han vuelto como si no fueran vidas. Ellos no son medi­tadores. Pueden ser masoquistas, que se torturan a sí mismos y gozan del sufrimiento... La mente es muy astu­ta: sigue haciendo cosas y racionali­zándolas. Por lo común, tu actitud es violenta hacia los demás, pero la mente es muy hábil: puede aprender la no violencia, predicar la no violen­cia, pero volverse violenta hacia sí misma. Y la violencia que ejerces contra ti mismo en general se respeta, pues la gente tiene la idea de que ser ascético significa ser religioso. Éstas son meras tonterías. Dios no es ascé­tico; de no ser así, no existirían las flores, ni árboles verdes: sólo habría desiertos. Dios no es ascético; de no ser así, no existirían nula música ni la danza de la vida: sólo habría cemen­terios y más cementerios. Dios no es ascético, sino que disfruta de la vida. Dios es más epicúreo de lo que pue­des imaginar. Si piensas en Dios, piensa en términos epicúreos. Dios es una búsqueda permanente de más y más felicidad, placer, éxtasis. Recuér­dalo.
Pero la mente es muy astuta. Puede racionalizar la parálisis como medita­ción; puede racionalizar el desinterés como trascendencia; puede racionali­zar la muerte como renuncia. Mantén la conciencia. Siempre recuerda que, si te mueves en la dirección correcta, seguirás floreciendo. ( 22 )

La meditación es TOMAR CONCIENCIA

Y recuerda: cada situación debe transformarse en una oportunidad pa­ra la meditación. ¿Qué es la medita­ción? Ser consciente de lo que estás haciendo, ser consciente de lo que te está pasando.
Alguien te insulta: adquiere con­ciencia de qué te sucede cuando reci­bes el insulto. Medita acerca de ello; esto modifica toda la estructura de la situación. Cuando alguien te insulta, te concentras en la persona: "¿Por qué me insulta? ¿Quién se cree que es? ¿Cómo podría vengarme?" Si el otro es muy poderoso, te rindes, comien­zas a mover ligeramente la cola. Si no es muy poderoso y lo ves débil, te abalanzas sobre él. Pero en todo esto te olvidas por completo de ti mismo. El otro se transforma en el foco de tu atención. Esto implica perder una oportunidad para la meditación. Cuando alguien te insulte, medita. Como dijo Gurdjieff: "Cuando mi pa­dre estaba agonizando, yo tenía sólo nueve años. Me pidió que me acerca­ra a su lecho y me murmuró al oído: -`Hijo, no te dejo mucho, al menos no en cosas terrenales. Pero tengo al­go para contarte, algo que a mí me di­jo mi padre en su lecho de muerte. Me ha ayudado muchísimo; siempre ha sido mi tesoro. Aún no estás muy ma­duro; tal vez no entiendas lo que digo, pero consérvalo, recuérdalo. Alguna vez crecerás y entonces podrás com­prender. Ésta es la clave que abre las puertas de grandes tesoros.
Por supuesto que Gurdjieff no po­día entenderlo en ese momento, pero fue esto lo que habría de modificar to­da su vida. Y su padre dijo algo muy simple. Dijo: "Cuando alguien te in­sulte, hijo mío, dile que meditarás acerca de ello durante veinticuatro horas y después volverás para respon­derle."
Gurdjieff no podía creer que esto fuera una clave tan importante. No podía creer que eso fuera algo tan va­lioso que debiera recordarlo. Y pode­mos ser indulgentes con un pequeño de nueve años. Pero, como eso fue al­go dicho por su agonizante padre, que tanto lo había amado y que, apenas lo dijo, dio su último aliento, quedó gra­bado en él. No podía olvidarlo. Cada vez que se acordaba de su padre, re­cordaba su frase.
Sin comprenderla realmente, co­menzó a practicarla. Si alguien lo in­sultaba, decía:
"Señor, tengo que meditar respecto de ello durante veinticuatro horas. Es lo que me ha dicho mi padre, que ya no está aquí. Y yo no puedo desobe­decer a un anciano muerto. Me quería muchísimo, y yo lo quería muchísimo a él; ahora, no hay manera de desobe­decerlo. Uno puede desobedecer a su padre mientras está vivo pero, cuando ha muerto, ¿cómo podría no hacerle caso? Así que, por favor, discúlpeme. Volveré en veinticuatro horas y le res­ponderé."
Decía: "Meditar durante veinticua­tro horas me ha aportado las más cla­ras visiones de mí mismo. A veces, he descubierto que el insulto era correc­to, que eso es lo que soy. Entonces, buscaba a la persona y le decía: 'Se­ñor, gracias, tenía usted razón. No fue un insulto, sino sólo un comentario sobre algo real. Me llamó estúpido, y lo soy.'
O a veces me ha pasado que medi­tar durante veinticuatro horas me lle­vaba a darme cuenta de que se trataba de una absoluta mentira. Pero, cuando algo es mentira, ¿por qué ofenderse? Entonces, nunca iba a decirle a esa persona que había mentido. Una men­tira es una mentira, ¿por qué moles­tarse por ella?"
La contemplación y la meditación, poco a poco, lo volvieron más atento a sus propias reacciones que a las de los demás. ( 23 )

La meditación es DIVERSIÓN

Millones de personas se privan de hacer meditación porque se le ha atri­buido a la meditación una connota­ción errónea.
Se la ve como algo serio y depri­mente, se considera que contiene algo de religiosidad, se cree que es sólo para quienes están muertos, o casi muertos, para quienes son serios, me­lancólicos, tienen caras largas, han perdido el carácter festivo, la diver­sión, la naturaleza lúdica y las ganas de celebrar.
Éstas son las características de la meditación. Una persona verdadera­mente meditativa es de naturaleza lú­dica: para ella, la vida es diversión, una leela, un juego.
Y lo disfruta en gran forma. Esta persona no es seria; está relajada. ( 24 )

La meditación es COMPRENSIÓN

Tendrás que entender una de las cosas más importantes acerca de la meditación: que no hay técnica algu­na que nos conduzca a ella.
En lo concerniente a la meditación, no hay diferencia entre las llamadas antiguas técnicas y las nuevas técni­cas de retroalimentación biológica. La meditación no es un producto ob­tenido a través de la mente. Se produ­ce más allá de la mente. No hay técni­ca alguna que pueda ir más allá de la mente.
Pero habrá de producirse un ma­lentendido en los círculos científicos, y sobre cierta base. La base de todo el malentendido es la siguiente: cuando el ser de una persona se encuentra en estado de meditación, genera ciertas ondas en su mente. Estas ondas pue­den ser provocadas desde afuera por medios técnicos. Pero esas ondas no darán lugar a la meditación. Allí radi­ca el malentendido.
La meditación genera esas ondas; es la mente que refleja el mundo inte­rior.
Lo que sucede en el interior de ca­da uno no es observable. Pero lo que ocurre en la mente sí lo es. Ahora hay sensibles instrumentos... que nos per­miten evaluar qué clase de ondas se producen cuando una persona está dormida, qué clase de ondas se produ­cen cuando una persona está soñando, qué clase de ondas se producen cuan­do una persona está en estado de me­ditación.
Pero, creando estas ondas, uno no puede generar la situación: estas on­das no son más que síntomas, indica­dores.
Está muy bien: puedes analizarlas. Pero recuerda que no existen atajos para acceder a la meditación, y que ningún recurso mecánico demuestra ser útil para ello. De hecho, la medi­tación no requiere de técnica alguna, ni científica ni de otra clase.
La meditación es sólo compren­sión.
No se trata de sentarse en silencio. No se trata de cantar un mantra. Se trata de comprender los sutiles meca­nismos de la mente. A medida que de­sentrañas esos mecanismos mentales, vas adquiriendo una gran conciencia que no proviene de la mente. Este co­nocimiento va surgiendo en tu ser, en tu alma, en tu conciencia.
La mente no es más que un meca­nismo pero, cuando ese conocimiento aparece, seguro que habrá de generar a su alrededor un cierto patrón de energía. La mente nota ese patrón de energía. La mente tiene un mecanis­mo muy sutil.
Y tú estás estudiándolo desde afue­ra; por lo tanto, cuanto mucho, puedes analizar la mente. Al ver que siempre que alguien está en silencio, sereno y en paz, siempre, inevitablemente, aparece cierto patrón de ondas en su mente, el razonamiento científico afirmará: si podemos crear este patrón de ondas en la mente a través de cier­tas técnicas de retroalimentación bio­lógica, entonces el ser interior alcan­zará grandes niveles de conocimiento. Esto no va a suceder.
Estas ondas de la mente no consti­tuyen la causa de la meditación; al contrario, son su efecto. Pero no po­demos ir del efecto hacia la causa. Es posible crear ciertos patrones en la mente a través de la retroalimentación biológica, y estos patrones de ondas pueden provocar una sensación de paz, de silencio y de serenidad en la persona. Como ella misma ignora lo que es la meditación y no tiene mane­ra de comparar, puede ser llevada a creer que eso es la meditación. Pero no lo es. Porque, en el momento en que se detiene el mecanismo de re­troalimentación biológica, las ondas desaparecen, al igual que el silencio, la paz y la serenidad.
Y puedes continuar practicando con esos instrumentos científicos du­rante años: no cambiará tu carácter, no cambiará tu moralidad, no cambia­rá tu individualidad. Seguirás exacta­mente igual.
La meditación es transformadora. Te lleva a niveles más altos de con­ciencia y modifica todo tu estilo de vida. Transforma tus reacciones en respuestas hasta tal punto que resulta increíble que la misma persona que hubiera reaccionado con furia en una situación, ahora actúe con profunda compasión y con actitud amorosa en la misma situación.
La meditación es un estado del ser, al que se accede a través de la com­prensión.
Requiere de inteligencia; no de téc­nicas. ( 25 )

La meditación es ENCANTO

La meditación es simplemente sen­tirse encantado de la propia presencia. La meditación es el encanto de la pro­pia existencia. Es muy simple: un es­tado de conciencia en completa rela­jación, en el cual no haces nada. Cuando llega el momento de actuar, te pones tenso. De inmediato llega la ansiedad. ¿Cómo hacer? ¿Cómo lo­grarlo? ¿Cómo no rendirse? Ya has avanzado hacia el futuro. La medita­ción consiste simplemente en existir, sin hacer nada: ni acciones, ni pensa­mientos, ni emociones. Simplemente existes, y sólo te sientes encantado.
¿De dónde proviene este encanto cuando no estás realizando actividad alguna? No viene de ninguna parte, o bien procede de todas partes. No hay razones para él, pues la existencia es­tá hecha de un material llamado júbi­lo. Éste no requiere de causa, de razón alguna. Si estás triste, tienes un moti­vo para estarlo. Si estás feliz, simple­mente lo estás: no hay razones para ello. Tu mente tratará de encontrar una razón, porque no puede creer en lo inmotivado, por no poder contro­larlo. Con lo inmotivado, la mente se torna simplemente impotente. Por eso, la mente sigue hallando una u otra razón. Pero quiero decirte que, cuando estás feliz, no hay razón algu­na para ello. Cuando estás triste, tie­nes algún motivo para estarlo. Esto se debe a que la felicidad no es sino el material del cual estás hecho. Es tu propio ser, tu esencia más íntima. El júbilo es tu esencia más íntima.
Mira los árboles, los pájaros, las nubes, las estrellas... Y, si tienes ojos para ello, serás capaz de ver que la existencia toda está llena de alegría. Todo es simplemente dicha. Los árbo­les son felices sin razón alguna; no van a ser primeros ministros ni presi­dentes, no se volverán ricos ni recibi­rán nunca un resumen bancario. Con­templa las flores: no hay motivos. Es simplemente increíble lo alegres que son las flores.
La existencia toda está hecha del material llamado alegría. ( 26 )

La meditación es RELAJACIÓN
El libro Azul (pdf)

La meditación es una pausa, un descanso total, una completa deten­ción de toda actividad: física, mental, emocional. Cuando te tomas un des­canso tan profundo, nada se agita en tu interior. Cuando abandonas toda acción en sí, como si estuvieras me­dio dormido a pesar de estar despier­to, llegas a saber quién eres. De re­pente, se abre la ventana. No se la puede abrir con esfuerzo, pues el es­fuerzo genera tensión, y ésta es la causa de todas nuestras desdichas. Por esta razón, es muy importante comprender esto: la meditación no es un esfuerzo.
Uno debe tener una actitud lúdica respecto de la meditación, aprender a disfrutarla como algo divertido. Uno no debe tomarla de manera seria y formal. Si lo hace, está perdido. Uno debe llegar a la meditación en forma muy placentera. Y tiene que ser cons­ciente de que está cayendo en un des­canso más y más profundo. No se tra­ta de concentración; por el contrario, se trata de relajación. Cuando estás completamente relajado, por primera vez comienzas a sentir tu propia reali­dad; te enfrentas a tu propio ser. Mientras estás en actividad, estás tan ocupado que no puedes verte a ti mis­mo. La actividad crea mucho humo a tu alrededor, levanta mucho polvo a tu alrededor. Por eso es necesario aban­donar toda actividad, al menos duran­te unas horas por día.
Esto es así sólo al comienzo. Una vez que has aprendido el arte del des­canso, puedes estar en actividad y en reposo al mismo tiempo, porque en­tonces sabes que el descanso es algo tan íntimo que nada que provenga de afuera puede perturbarlo. La activi­dad continúa en la periferia, mientras que, en el centro, tú sigues en reposo. Entonces, sólo al comienzo hay que abandonar toda actividad durante al­gunas horas. Cuando uno ha incorpo­rado el arte, ya no hay problema: uno puede permanecer en estado de medi­tación durante las veinticuatro horas del día y continuar al mismo tiempo con todas las actividades de su vida cotidiana.
Pero recuerda: la palabra clave es descanso, relajación. Nunca vayas en contra del descanso y la relajación. Acomoda tu vida de tal manera que dejes de lado toda actividad inútil (pues el noventa por ciento de las actividades son vanas: no tienen otro fin que matar el tiempo y mantenerse ocupado). Haz únicamente lo esencial y dedica cada vez más tus energías a tu viaje interior. Entonces, se produce aquel milagro en el momento en que puedes estar al mismo tiempo en re­poso y en actividad. Es la reunión de lo sagrado con lo mundano, la reu­nión del materialismo con el espiri­tualismo. ( 27 )

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